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Embajada de Venezuela en Argentina - Sección Turismo
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La música venezolana resulta de un dinámico intercambio entre las culturas de los pueblos originarios, la africana y la europea.

El venezolano es un pueblo esencialmente musical. La música está presente en todas las celebraciones populares profanas y religiosas. El canto domina lo cotidiano: serenatas, canciones de cuna, cantos de trabajo, cantos de adoración y agradecimiento, música ceremonial y música festiva. Una enorme diversidad de formas musicales e instrumentos tradicionales conviven en total vigencia hoy en todo el territorio venezolano, hecho que ha convertido a la música en elemento identitario de cada zona cultural. En la inmensa mayoría de los casos el fenómeno musical en Venezuela tiene como característica fundamental la sociabilización. La familia y la comunidad se reúnen a cantar y a bailar, en un entorno que propicia la transmisión del conocimiento de generación en generación, asegurando de esta manera la continuidad de las expresiones que niños, jóvenes y adultos preservan y expresan como símbolos en los que encuentran identidad.

 

El Merengue Caraqueño Recuerda una época muy particular de la capital venezolana de comienzos del siglo XX

Cuando en la pequeña ciudad se apresura un importante proceso de cambio y crecimiento, que dejaría atrás la tranquilidad, los techos rojos, los paseos por el río Güaire y las serenatas a la luz de las lámparas de carburo.

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El frutero, el vendedor de dulces criollos -que llevaba suspiros (especie de merengue en Venezuela hecho con clara de huevo batida y azúcar cocina en el horno)-, aliados (dulce andino preparado a base de azúcar y almidón -fécula extraída de la yuca-),, rúcanos (golosinas gelatinosas hechas con tuétano de vaca y meladura de azúcar cuajada en forma cónica -papelón-)-, melcochas (golosina de consistencia gomosa elaborada a base de azúcar, mil o papelón muy concentrados), almidones (similar al turrón de color claro hecho con almidón -mandioca-, huevo, papelón y especias), quesadillas (pastel de caramelo especiado y queso, golfeados (panecillo preparado con harina de trigo cubierto con papelón y queso rallado) y conservas (postre hecho especialmente con fruta endulzado con papelón)- el "chichero" (expendedor de bebida refrescante espesa elaborada a base de arroz), la Universidad Central, el tranvía y la Ceiba de San Francisco formaban parte de una pequeña ciudad que comenzaba a recibir los primeros inmigrados del interior del país en busca de trabajo, dinero y fortuna.

La vida nocturna capitalina fue dinamizándose al atender una creciente demanda que para los años 40 no se conformaba con los teatros y los cafés. El auge económico y el crecimiento demográfico obligaban a la creación de nuevos espacios de esparcimiento como timbas (casa de juego), garitos (casa ilegal de juego de mala reputación), bingos, ruletas, casinos, dancings, salones, botiquines (establecimiento modesto donde se venden bebidas alcohólicas al por menor), clubes y mabiles; cada uno con actividades y clientela muy diferentes.

La gente "acomodada" frecuentaba los clubes, el casino, los dancings y los salones, tal vez los más arrojados visitaban los bingos y las ruletas. Pero jamás los botiquines. Éstos quedaban, como el resto de los locales, para atender a obreros y estudiantes, y servir de taller y refugio a músicos, pintores y poetas que en más de una oportunidad pagaron la cuenta con óleos, partituras o rimas espiritosas.

Los mabiles merecen atención especial, pues en ellos encuentra su origen el merengue caraqueño o "merengue rucaneao". Aunque en la Caracas de antaño estos locales eran asociados con inmoralidad, con centros nocturnos concurridos por personas de poca reputación, en realidad eran modestas salas de baile frecuentadas -eso sí- por las clases populares en busca de esparcimiento y donde se bailaba el set completo por 0,25 bolívares. El merengue, el valse, el pasodoble, el golpe y el joropo formaban parte del repertorio de las agrupaciones que tocaban en los mabiles, verdaderos hervideros de música popular venezolana.

El merengue como forma musical se extiende por toda la cuenca caribeña y las primeras noticias que sobre él se tienen en Venezuela conducen a la obra anónima titulada "danza merengue", la cual data de la segunda mitad del siglo XIX. Desde el punto de vista rítmico en nada se asemeja al merengue dominicano o a ningún otro de la región caribeña. En Venezuela existe una enorme gama de merengues -desprendidas, en su origen rítmico, de la simplificación de las variadas fulías negras de la costa central del país- que se pueden agrupar en tres grandes grupos: el caraqueño, el oriental y el larense.

Siendo un género bailable, el merengue venezolano -y sobre todo el caraqueño- tiene letras de corte costumbrista y picaresco, algunas de ellas muy subidas de tono, que son el reflejo de las tradiciones, los personajes y las historias de la época. Cuatro instrumentos solistas conforman la orquesta que ejecuta el merengue rucaneao: trompeta, trombón, saxo y clarinete; los cuales son acompañados por el cuatro, el contrabajo, el redoblante y la charrasca de tapara. La rítmica fue variando y del reglamentario compás de 2/4, organizado en dos corcheas y un tresillo de negra, a fuerza de baile y sobre todo de rucaneo, se llegó al singular [alternativa: llegó el singular...] compás de 5/8 (5 corcheas), extraña medida que le da esa cadencia característica que lo diferencia de sus primos caribeños.

Este merengue rucaneao -cuyo nombre compuesto remite a la dulcería criolla venezolana: el primero realizado con claras de huevo y azúcar; el segundo, conocido como rúcano, una golosina gelatinosa hecha con tuétano de vaca y meladura de azúcar cuajada en forma cónica (papelón)- era considerado por los conservadores de entonces, una manifestación vulgar. Tal vez por lo acaramelado de su nombre, por la impudicia de sus letras o por la forma de bailarlo, que requería ciertos movimientos acentuados de las caderas y un acercamiento muy estrecho de la pareja. Por la razón que fuere se prohibió tocarlo, cantarlo o bailarlo en las casas de familia y salones de baile de aquella gente respetable. Pero este ritmo de compás mocho, penetró el gusto de los caraqueños que habitaban en parroquias como San Juan, La Pastora o San José y fue ganando espacios más allá de los mabiles.

Los cañoneros, como eran conocidos aquellos músicos que sacaron el merengue de los locales nocturnos y lo llevaron a las plazas y los templetes en épocas de carnaval y otras celebraciones populares, recorrían las calles acompañados de un artefacto llamado trabuco o cañón, compuesto de un pequeño tubo de bambú relleno de carburo de calcio y agua, al que hacían detonar (de ahí el nombre) para anunciar los temas que iban a interpretar a continuación.

Finalmente, ya entrada la década de los cincuenta, los grandes salones sucumben y abren sus puertas al dulce baile caraqueño, que llegó de la mano de la orquesta de Luís Alfonso Larrain. El Norte es una quimera de Luis Fragachán, La pelota del Carey de Lorenzo Herrera, Carmen la que contaba dieciséis años y Préstame tu máquina de Balbino García animaron fiestas de matrimonios, quinceañeras, graduados y demás jolgorios capitalinos de la época.

El merengue venezolano, más allá de su expresión cañonera, larense y oriental, y de su presencia en los aguinaldos y parrandas de Navidad, es una forma musical viva que despierta el interés de los compositores populares y académicos contemporáneos. Autores como Henry Martínez, el "Pollo" Sifontes, Pablo Camacaro, Adeliz Freites, Omar Acosta y Raúl Abzueta, entre muchos otros, dan continuidad a la tradición de enriquecimiento melódico, armónico y poético que iniciaron Eduardo Serrano, Conny Méndez, Simón Díaz, Otilio Galíndez y Luís Laguna, entre otros-. Aportes que han contribuido a la transformación del merengue venezolano en una singular forma musical de alto contenido expresivo.

 

 

Manifestación popular profundamente ligada a nuestra esencia cultural.

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Los cantos de trabajo son un recurso sensible que transmite conocimiento, alivia el esfuerzo físico y facilita una tarea específica, la faena y canto se encontraron en el mismo origen, y desde entonces comparten una larga historia de luchas, alegrías, tristezas, injusticias y reivindicaciones. En Venezuela, como resultado de su pluriculturalidad, se ha desarrollado un amplio repertorio de cantos relacionados con el trabajo: Arreo, ordeño, cosecha, molienda, lavado y pregón son algunas de las actividades que las mujeres y hombres de Venezuela acompañan con el canto e instrumentos, transformando el hecho meramente productivo en una experiencia estética, que los conecta con su entorno natural y los identifica en su contexto sociocultural.

El canto de arreo, conduce al ganado. El cabestrero lanza su canto a la sabana para orientar al rebaño, calmar al toro cimarrón o apurar al becerro recién nacido. El ordeñador tranquiliza a las vacas y becerros que llegan al corral y con tonadas improvisadas llama a cada una por su nombre: Lucerito, Nube Blanca, Flor de mayo... Con melodías libres, a rato acompañadas por el silbido del becerrero o el cuatro del cabestrero, el hombre conforta al animal, creando una relación de afecto y respeto mutuo.

Si el canto de ordeño calma, el de recolección estimula. Es un canto grupal, responsorial, con una gran diversidad de temáticas, pero siempre con tonos de humor. Mantener el ritmo, conservar el pulso, ese es el objetivo de los cantos de molienda. Pilar el maíz es una de las moliendas cotidianas en Venezuela y, generalmente, son las mujeres quienes tienen esta responsabilidad: Mazo en mano, dos trabajadoras golpean el pilón para disminuir el grano. Este pulso es aprovechado para cantar y contar, alternativamente, situaciones cotidianas, noticias y relatos históricos.

Otra actividad exigente que es acompañada por el canto es el lavado de la ropa. Las cercanías de los ríos son los escenarios donde las mujeres entonan fuertes cantos, llamados popularmente "gritos". Son melodías sencillas que transmiten reflexiones de la vida cotidiana.

Heladeros, fruteros, zapateros, dulceros, amoladores y muchos otros trabajadores de zonas más urbanas pregonan a viva voz los productos y servicios que ofrecen. Las calles de pueblos y ciudades albergan un sin fin de pregoneros, que en muchos casos traen noticias de pueblos vecinos.

 

El Cuatro es un instrumento que acompañan las expresiones musicales del pueblo venezolano

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El Cuatro destaca por su versatilidad y por su presencia permanente en todos los rincones de Venezuela.

Hacia mil quinientos sesenta y nueve, por la ciudad de Cumaná -al oriente de Venezuela-, entraron la guitarra y la guitarrilla andaluzas. Estos cordófonos portadores de la cultura al-andaluz fueron aclimatándose con los nuevos aires tropicales y paulatinamente, transformándose en la gran variedad de cuatros que hoy dan vida a la diversidad musical venezolana.

Valses, contradanzas, polkas, danzas, fueron acompañadas por el Cuatro durante el siglo dieciocho, repertorio que creció e incorporó joropos, corríos, golpes, malagueñas, galerones, contrapunteos, gaitas, fulías, aguinaldos y merengues, entre muchos otros.

Sus cuatro cuerdas tienen una afinación genérica: La - Re - Fa sostenido - Si. Ésta varía en algunas zonas respondiendo a las necesidades expresivas de cada cuatrista. Pequeñas modificaciones en su forma y tamaño también son realizadas respondiendo a la misma necesidad. Existen cuatros con diapasones de catorce y diecisiete trastes, con cinco y seis cuerdas, con clavijas de madera o de metal. La caja de resonancia también puede variar, modificando la sonoridad del instrumento.

El cuatro es un instrumento fundamentalmente acompañante. Por su versatilidad y fácil manejo se convirtió rápidamente en el instrumento preferido de trovadores y cantores, músicos ambulantes y ejércitos revolucionarios; quienes habrían tenido a la guitarra por compañera. Esta popularidad contribuyó al veloz desarrollo técnico del instrumento: construcción y ejecución fueron afinándose y brindando cada vez mayores recursos expresivos a compositores e instrumentistas.

Hoy, además de estar presente en sus espacios naturales -es decir, en todas las fiestas tradicionales, conformando agrupaciones de música popular, acompañando las fiestas familiares o como instrumento inicial en las escuelas de música tradicional-, el cuatro se ha establecido como un instrumento solista. La labor de grandes cuatristas ha estimulado la creación de un importante repertorio que abrió, a este instrumento popular, salas de concierto antes dedicadas exclusivamente a orquestas sinfónicas.

Jacinto Pérez, Fredy Reyna, Hernán Gamboa, Cheo Hurtado son los más visibles precursores del desarrollo interpretativo del cuatro venezolano. Ellos son responsables de haber formado y seguir estimulando una importante escuela cuatrística que tiene, en las nuevas generaciones de músicos, una gran cantidad de orgullosos herederos.

 

 

El arpa encuentra sus orígenes más remotos en Egipto veintiséis siglos antes de Cristo, y luego de un largo recorrido llega a tierras americanas en épocas de conquista.

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Eduardo Betancourt

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Las arpas de aquella Europa que recién salía de la edad media no tenían ni pedales ni doble encordado, así la recibe Venezuela. Documentos de la época nos hablan de su presencia en tierras venezolanas desde 1682 y más adelante, ya entrado el siglo XVIII, son variados los documentos que dan testimonio del amplio uso del arpa en iglesias, salones y fiestas populares.

La temprana difusión de este instrumento por todo el territorio se debió, en gran medida, a que los sectores populares conformados por indígenas, afrodecendientes y criollos aprendieron, no sólo a tañerlo, sino también a construirlo. Hoy encontramos arpas en los estados Guárico, Apure, Barinas, Cojedes, Aragua Carabobo, Miranda, Bolívar y en los llanos de Anzoátegui. Prácticamente en todo el territorio nacional, acompañada por las maracas y el cuatro, el arpa arropa al cantante de joropos, golpes, contrapunteos y pasajes.

Existen en venezuela dos tipos de arpa: el arpa llanera y el arpa aragüeña y lo que establece su diferencia es la forma y el tipo y número de cuerdas. El arpa llanera posee menos cuerdas que la aragüeña y una caja más angosta. Sus 32 cuerdas son de nylon, material que remplazó a los de origen animal según la descripción de Rafael Bolívar en su libro "El Llanero": "...treinta y dos cuerdas repartidas así: seis bordones para los acordes bajos, que son de torcida piel de venado tierno; seis primas de nervio de becerro; y las cantoras que son veinte, de tripa de toro...".

El arpa aragüeña, también conocida como tuyera o mirandina, tiene una caja de resonancia mayor que la llanera y sus treinta y tres o treinta y cinco cuerdas se reparten en doce de metal, catorce de nylon y siete o nueve (según el tamaño del instrumento) de tripa animal

Sobre el hombro derecho, el arpista venezolano apoya la unión donde se encuentran la caja y el clavijero, reservando esa mano para las cuerdas agudas y la izquierda para las graves. Las cuerdas se puntean con las yemas de los dedos de ambas manos y las con las uñas que el instrumentista se deja crecer para ese propósito. Se cuenta que algunos arpistos usan uñas de metal.

Hoy, el arpa, al igual que muchos instrumentos tradicionales, gozan de un desarrollo muy importante y de la atención de instrumentistas, público y compositores. Su fortalecimiento como instrumento de alto valor expresivo ha permitido el acercamiento de las nuevas generaciones de músicos que en ella reconocen una protagonista de la identidad nacional.

 

 

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