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Bicentenario de la Batalla de Chacabuco PDF Imprimir E-mail
Sábado, 11 de Febrero de 2017 22:25

“En veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos la cordillera más elevada del globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile”, decía el General José de San Martín luego del triunfo en la Batalla de Chacabuco.

 El 12 de febrero de 1817, y tras atravesar la cordillera de Los Andes, el Ejército Libertador, compuesto fundamentalmente por rioplatenses y chilenos, concentró sus fuerzas en los campos de Chacabuco.

 Los pasos cordilleranos de Los Patos y Uspallata habían sido aquellos por los cuales el grueso de las tropas había cruzado, desafiando la nieve, los vientos y alturas de hasta cinco mil metros. Pero también por otros cuatro pasos más se habían movilizado las fuerzas patriotas, desconcertando así a los soldados colonialistas que si bien preveían la campaña patriota, no sabían con absoluta certeza por dónde les iban a caer. Cuando los españoles percibieron el despliegue de los revolucionarios ya era tarde.

Con una coordinación que aun llama la atención tomando en cuenta los medios de comunicación de la época, el estado mayor revolucionario preparó la batalla de manera puntillosa. Sacando una desinteligencia por parte de la impaciencia de uno de sus comandantes, el resto de los movimientos y acciones fueron impecables. Más de 500 militares colonialistas murieron en la batalla, otros tantos fueron heridos y más de mil, entre soldados y oficiales, fueron capturados. Menos de cien fueron los muertos de las fuerzas grannacionales. Las cifras hablan a las claras de la contundencia del triunfo revolucionario.

El plan de San Martín era claro: liberar Chile y, haciendo una alianza estratégica con los hermanos trasandinos, preparar una fuerza militar lo suficientemente poderosa para llegar por el Pacífico a las costas de Perú, a fin de dar batalla a los españoles en el bastión más fuerte que conservaba en la América del sur. Mientras tanto, la orden emanada por San Martín a los patriotas organizados en guerrillas en lo que actualmente es el norte argentino y el sur de Bolivia, era la de resistir cualquier ofensiva que las tropas colonialistas pudieran hacer por esa vía hasta que se constituyera un ejército regular que pudiera avanzar por tierra hasta la sierra peruana. El esquema era realizar un trabajo de pinzas que pulverizara, desde el oeste y desde el sur, a los españoles aun con fuerzas muy poderosas en el Perú.

El Libertador del Sur comprendía claramente que en la unidad nuestramericana estaba la clave para alcanzar la plena independencia: “Los americanos de las provincias unidas no han tenido otro objeto en la revolución que la emancipación del mando del hierro español y pertenecer a una unión.  Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos...”.

Como ya sabemos, y lamentablemente, el gobierno porteño bajo la influencia de Bernardino Rivadavia y la diplomacia inglesa, negó todo apoyo al plan sanmartiniano de liberación del Perú. Si bien O’Higging, en el gobierno de Chile, se sumó el proyecto de San Martín apoyando con tropas y recursos, éstos no fueron suficientes para consumar la obra del Ejército Unido de Los Andes. Será Simón Bolívar, años después, desde el norte y con el Mariscal Sucre, quien culminará  la tarea de derrotar y expulsar a los colonialistas de territorio suramericano.

Pero volviendo a la Batalla de Chacabuco, tal vez un error que se le puede señalar al Estado Mayor patriota, es haber no perseguido y exterminado al resto de las fuerzas colonialistas derrotadas en el campo de batalla. Es conocido el mal estado de la caballada tras el cruce de los Andes y probablemente ese haya sido el motivo de no haber realizado esta operación siempre recomendable luego de cualquier tipo de triunfo. La derrota patriota, al año siguiente en la Batalla de Cancha Rayada fue una consecuencia de ese descuido. Pero en esa misma batalla donde triunfaron los colonialistas, quienes se equivocaron en ese mismo sentido fueron los españoles, dando la posibilidad a los revolucionarios de reagruparse y vencer luego en la Batalla de Maipú.

Como una buena enseñanza, un mensaje para el presente y para las nuevas batallas que tendrán que enfrentar los patriotas y revolucionarios de hoy, es que cuando se logra derrotas a los enemigos de la Patria en cualquier circunstancia, es necesario aprovechar esa victoria hasta las últimas consecuencias, para no permitir el reagrupamiento del derrotado y liquidar la contrarrevolución categóricamente.

Chacabuco fue el preludio de la ofensiva unionista e independentista del siglo XIX. Tras de esta batalla vendrá el triunfo de Maipú y las victorias de las fuerzas bolivarianas en Pantano de Vargas y Boyacá, abriendo el camino hacia Carabobo y luego al triunfo definitivo de Junín y Ayacucho.

 Por supuesto que el Bicentenario de la Batalla de Chacabuco no se celebrará ni en Argentina ni en Chile como corresponde a un hecho tan trascendente para los pueblos suramericanos. A los gobiernos entreguistas y vendepatria, tanto de la señora Bachelet como del empresario Mauricio Macri, poco les interesa estas fechas patrióticas, más bien tratan de ignorarlas. Pero para ellos, y para todos los agentes del imperialismo, va dirigida esta sentencia  que pronunció el General San Martín: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

A los 200 años del triunfo de los patriotas, los pueblos de Nuestra América debemos de reafirmar nuestro compromiso de no descansar hasta lograr la Patria Grande unida y liberada.

Caracas, febrero de 2017

 

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